“Salvando a México”: Inmoralidad periodística y recordatorio para los mexicanos

En estos momentos ya se encuentra circulando en Estados Unidos la más reciente edición de la “prestigiada” revista Time, cuya portada y contenido del artículo principal, Saving Mexico, se hicieron públicos hace poco más de una semana a través de las redes sociales, causando una ola de indignación, burlas e ingenio catártico en la comunidad “twittera” mexicana.

No es la primera vez que el mundialmente conocido semanario desbarra, o mejor dicho, descara su inmoralidad periodística. En enero de 1939, contando ya quince años de existencia, presentó en su portada ni más ni menos que a Adolf Hitler como el “personaje más influyente” de 1938. La revista argumenta que eligió al führer porque “se había convertido en la amenaza más grande que el mundo democrático y amante de la libertad” enfrentaría en su momento. Otros genocidas a quienes Time ha distinguido como “hombres del año” son Josef Stalin (1939) y George W. Bush (2000 y 2004).

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La edición de hoy vuelve a ser motivo de controversia, no porque el beneficiado en la publicación tenga algún tipo de relevancia mundial, como los casos previamente citados. Por el contrario, la delirante apología que Michael Crowley –autor del artículo– hace del actual ocupante de Los Pinos, escapa por completo a la realidad del país y del sujeto mismo. En el texto, Crowley se refiere al individuo en cuestión como,

“… un joven reformista que añadió a sus ambiciosas propuestas el brillo de su galanura. Sus actos de campaña estuvieron cargados en ocasiones de una sutil energía sexual […]. Lo que tal vez le falta en erudición literaria lo compensa en destreza política. Lo apoya un grupo de jóvenes tecnócratas, varios de ellos con avanzados estudios de posgrado fuera de México, que decididamente han puesto un rostro de modernidad a la vieja y desprestigiada máquina del PRI.”

Fuente: Time

En efecto, el autor reparte zalamería también a los esbirros (o los cerebros egresados de Harvard que en realidad están haciendo el “trabajo”) del agasajado personaje en su cuento de hadas, y no parece importarle que, a los ojos de cualquier mexicano informado, palabra por palabra se anule su credibilidad.

Al margen del debate sobre la ilegitimidad que rodeó al proceso electoral de 2012, de la que NADA se menciona en el artículo, quien hoy (de facto) preside al actual régimen sigue dejando constancia irrefutable de su total incompetencia –más allá de sus frecuentes desatinos al expresarse o leer discursos en público– rebasando por mucho lo que el corresponsal de Time intenta presentar como inofensiva “falta de erudición literaria”. El propio interesado desmiente a sus propagandistas y sabotea involuntariamente los onerosos intentos mediáticos de sus asesores por legitimar su imagen –objeto de escarnio cotidiano en las redes sociales– y las “reformas” lesivas a millones de mexicanos, que ni él mismo entiende.

¿También se puede lucrar con la autodestrucción de la credibilidad periodística? ¡Por supuesto! Los cuadros tarifarios de Time en tal sentido son públicos. Cualquiera dispuesto a desembolsar 800 mil dólares puede aparecer en la portada de la autoproclamada “revista de noticias más influyente, de mayor autoridad y circulación en todo el mundo”. Con esto se pone fin a cualquier controversia que pudieran suscitar sus publicaciones pasadas, presentes y futuras.

Sin ser periodistas ni tener el conocimiento académico de los profesionales de la comunicación y el periodismo, entendemos perfectamente la diferencia entre decir la VERDAD y MENTIR (en sus diferentes formas, que incluyen omitir total o parcialmente la verdad). Por añadidura, entendemos la gravedad que implica mentir en el ejercicio profesional, sea cual sea, siendo mayor la ignominia cuando se miente por dinero. Desgraciadamente, la INMORALIDAD es el referente contemporáneo de muchas profesiones, en especial del periodismo.

La inmoralidad periodística encuentra su redención en la desmemoria histórica, ese flagelo que lleva a la repetición de los peores vicios de la humanidad. Cualquier persona en su sano juicio dejaría de recurrir a medios “informativos” sin credibilidad, que descaradamente venden su línea editorial al mejor postor. Sin embargo, la apuesta de estos grandes medios para seguir embaucando a las masas con su falso “rigor periodístico”, mucho más efectiva que cualquier otro método de manipulación, es justamente el olvido y la incapacidad del ciudadano común para preservar el recuerdo del pasado como herramienta del discernimiento.

"Prestigio y credibilidad"

“Prestigio y credibilidad”

Veinte años después, el "asesino confeso" de Luis Donaldo Colosio confirma lo obvio

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Heriberto Lazcano "El Lazca", un "cadáver prófugo" (2012)

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La última pieza del "heroico rompecabezas" legitimador y el magno evento mediático de 2014: Captura de Joaquín Guzmán Loera

La última pieza del “heroico rompecabezas” legitimador y el magno evento mediático de 2014: Captura de Joaquín Guzmán Loera

Salvar a México

Todo este asunto representa, en nuestra opinión, un importante recordatorio de la tarea que los mexicanos tenemos pendiente.

Cualquier intención de generar un mejor entorno en la vida personal y colectiva, tiene como requisito obligatorio desembarazar nuestra mente del dominio que sobre ella ejercen, desde hace mucho tiempo, los medios de comunicación.

La mente de cada mexicano debe ser siempre el primer y último juez en todos los criterios que dicten el rumbo de su pensamiento. Entregarse irreflexivamente al flujo vertiginoso de verdades mezcladas con mentiras, propaganda disfrazada de “noticias” y tráfico de programación mental proveniente de los falsos medios de comunicación, es un acto suicida de esclavización que se contrapone al principio evolutivo del pensamiento consciente, libre y racional.

Tristemente, gran parte de la sociedad ha renunciado a su derecho de pensar por sí misma, permitiendo que el sistema mediático suplante las funciones de su mundo interno, conformador de criterios. Antes de la era de la información, el aprendizaje producto de la experimentación de la realidad posibilitaba al individuo estructurar su pensamiento. Hoy en día los medios, convertidos en verdaderos monopolios del pensamiento, incrustan el sistema de creencias que determinará lo que el individuo ha de sentir e interpretar frente a la realidad.

De ahí que millones de mexicanos se sometan resignadamente al abuso de quienes detentan el poder, llegando al extremo de defenderlos ante el menor cuestionamiento, repitiendo inconscientemente los argumentos que, para tal efecto, les fueron programados desde los prominentes medios electrónicos e impresos.

Salvar al país, rescatar su soberanía, reconquistar los derechos constitucionales que las recientes contrarreformas han liquidado, implica pues, recuperar primero nuestra mente, ser soberanos de nuestro pensamiento, ejercer la conciencia crítica para cuestionar el origen y sentido de cualquier “información” (¿quién lo dice?, ¿por qué y para qué?), confrontarla con otras fuentes, y muy importante, remitirse a la historia entendiendo que mucho de lo que sucede en el presente, es consecuencia de los errores del pasado.

La meta de salvar a México reside en cada uno de nosotros. A medida que más mexicanos se encuentren en proceso de recuperar su libre pensamiento, más cerca estaremos, como sociedad realmente evolucionada, de cumplir esa digna misión.

– Memoria Poética

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