Requiescat

Pisa ligeramente, ella está cerca,
bajo la nieve;
habla suavemente,
ella puede oír crecer las margaritas.

Toda su brillante cabellera dorada
está empañada por la herrumbe;
ella, que era joven y bella,
se ha convertido en polvo.

Semejante al lirio, blanca como la nieve
apenas sabía
que era mujer,
tan dulcemente había crecido.

Las tablas del ataúd y una pesada losa
se apoyan sobre su pecho;
mi solitario corazón está afligido;
ella descansa en paz.

Silencio, silencio, ella no puede oír
la lira o el soneto;
toda mi vida está enterrada aquí,
amontonad tierra sobre ella.

De “Rosa Mísitca”

Aviñón

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