Recordando a Don Quijote

En la avanzada noche cuando escribo,
creo ser Don Quijote en mi locura;
y mi pluma quiere ser Rocinante,
para llevarme en su cabalgadura.

¡Oh!, “caballero de la triste figura”,
qué genio eras cuando estabas loco;
qué locura tan triste tu cordura.
Yo, como tantos otros, hoy te evoco.

Tu hambre de justicia yo comparto
y tu sed de nobleza, oh caballero.
Y aunque gigantes por molinos vieras,
vale tu afán tenaz de justiciero.

Tu singular figura se agiganta
dándole nombre a tu fiel Rocinante;
al convertirlo, de oscuro rocín,
en corcel de caballero andante.

Y si algún día osaran difamarte,
mi oscura pluma luchará con esmero;
ya que no sólo quiere ser Rocinante,
sino también escudo y escudero.

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