Poema 20. Puedo escribir los versos más tristes esta noche

Comentario preliminar

De los Veinte Poemas de Amor y Una Canción Desesperada puede hablarse largamente, pese a su aparente sencillez temática. Pablo Neruda los escribió contando apenas 19 años, en los albores de una carrera literaria que su padre no aprobaba, y que a la postre le haría merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1971.

Los veinte poemas rescatan la sensibilidad del poeta a la luz agonizante del postmodernismo, que Neruda habrá de abandonar definitivamente en sus siguientes libros para sumarse los movimientos vanguardistas de su tiempo. En el poema número veinte, probablemente el más famoso de toda su obra, Neruda parece despedirse de la “torre de marfil” –icono eminente de la corriente modernista– y da las primeras muestras de liberación con versos pares de métrica larga, catorce sílabas en general, rima asonante, imágenes claras, vaporosas, llenas de musicalidad aun desprovistas de toda metáfora, alcanzando en esa depuración el lenguaje más culto y selecto de la nostalgia. “Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero… “ pareciera decir el poeta a la poesía de su adolescencia, ante el recuerdo de aquella, la de los grandes ojos fijos.

Sus réplicas y opiniones sobre este comentario son bienvenidos.

– Memoria Poética

Poema número 20

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche esta estrellada,

y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».
El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

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