Pequeña muerte

Éxtasis, de Ernest Descals

Sólo turba el silencio la palabra
del sudor que resbala sin premura
por el costado absorto.
Tras la ventana el astro rey asoma
para atisbar al interior del lecho
los restos amatorios.

Todavía se revuelven las miradas
en torbellino extático sin tregua,
vencedor ni vencido,
cuando en sueños revive la batalla
donde el que más placer otorga, vive
o muere consumido

una vez y otra vez… ¿quién va contando
las veces que llegaron los espasmos
de la pequeña muerte?
Sólo da fe ruborizada el alba
frente al aura hechizante que precede
al estertor vehemente.

Se esparce el eco enrareciendo el aire,
todo lo envuelve un éter fascinante
condensando fluidos y jadeos.
Languidecen las víctimas mortales
del cataclismo que detuvo el tiempo
hace instantes eternos.

Ya pasó el estupor. Ya todo es brazos,
piel contra piel para llenar los huecos
del júbilo apagado.
Cede la incertidumbre a la elocuencia
del sudor que resbala sin premura
por los cuerpos cansados.

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