Niños solares

Imagen tomada del Códice Magliabechiano

El caracol de la luna
lento como dedo que sangra,
recupera a los niños guerreros
y los recicla
para sostener la vida.

Ofrenda el pecho,
pues sabe del destino.
Sabe del sacrificio
que causa horror,
más horror que cuando
los 20mil hombres se descorazonaron
para la lucha en contra de la noche.

El bien común y el más allá glorioso
no son cometas que se apagan.
Son revueltas que cuajan,
comandos que se integran,
y la voz que se conjuga
por avenidas y plazas.

La primera tierra
cuando sonaban los cascabeles,
y nuestros reyes fueran poetas
regresa con el pecho abierto,
caracol.

Es un espiral blanco que se vuelve estrella,
late
como si fuera el centro del universo entre tus manos.

Los niños también regresan
aunque el fuego estalle en sus rostros
y en la tierra la vida y la muerte.

Niños, solares hijos,
el firmamento se desprende.
Todos bebimos de las flores del cielo,
ahora nuestras extremidades son sangre
y ustedes
seres celestes
paridos desde el rastro que dejara en la luna
un caracol oliva
con filos de obsidiana.

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