Mi vela

Cerca de mi vela, que apenas alumbra
la estancia desierta de mi buhardilla,
yo leo en el libro de mi alma sencilla
por entre la vaga y errante penumbra.

Despide mi vela la llama de un cirio
a fin de que acaso con ella consagre
mi cáliz sin fondo de hiel y vinagre
delante del ara de mi hondo martirio.

A mí no me queda ya nada de todo.
Mis viejos recuerdos son humo que sube,
formando en el éter la trágica nube
que marca la ruta de mi último éxodo.

Yo cruzo la noche con pasos aciagos,
sin ver brillar nunca la estrella temprana
que vieron delante de su caravana
brillar a lo lejos los Tres Reyes Magos.

¡Quizás soy un mago maldito! ¡Yo ignoro
cuál es el Mesías en cuyos altares
pondré, con mi lira de alados cantares,
mi ofrenda de incienso, de mirra y de oro!

Al golpe del viento rechinan las trancas
detrás de la puerta de mi buhardilla.
Y vierte mi vela –que apenas ya brilla-
goteras candentes de lágrimas blancas…

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