Lilith

Tu ausencia y la distancia, dos verdugos que atormentan a mi mente en el tejado. Soy adicto del elixir que brota entre tus piernas y tu amor con todo y sus malas intenciones. Es un dardo envenenado que aniquila mi razón. Nunca nada fue tan adictivo como la savia dulce de tu pecho abierto; ni siquiera sé si más tarde podré pagar el precio de verme rendido a tus pies. Las arpías merodean mi cadáver a cielo abierto que te preña con mi leche mientras mancha tu sonrisa enloquecida el deseo. Guardo su equipaje hace semanas y tus caricias adolescentes recorren mi cuerpo tumbado en el sofá. La orgía no termina. Tu vientre se retuerce al compás de un baile eterno y tu pelvis me regala ese jugo embriagador que seca tus entrañas. Tienes en tus manos la manzana del pecado y haces malabares en mi sexo erguido, la urgencia por matarme te corrompe y me entierras tus uñas hasta arrancar mi carne. Bebes a sorbos mi sangre y te fundes con el sol como una sombra que se escabulle debajo de la puerta…

Comentarios