Las mil y una fantasías

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Toqué el cielo, en el beso robado por tu sombra…
Sin tocarme, su rocío humedeció mi intimidad.
Y un eclipse de pasión, fundió tu sol en mi luna,
Vaciando en mi mente, las mil y una fantasías…
Y como el dios hecho cisne, me imaginé amada…
Y te vi como el dragón poseyendo a la doncella…
Sátiro, persiguiendo sin piedad, a la ninfa…
Drácula, succionándome en un beso la vida…
Español conquistándome, como si fuera América…
Y decidí convertirte en el mismo Casanova…
Sometiendo mi piel a tu mundo de quimeras…
Y me sentí virgen, tomada a la fuerza por Atila…
Raptada cual sabina en la antigua Roma…
Temblando en la pernada de mi señor feudal…
Seducida y seduciendo disfrazada de Cleopatra…
Envenenando tus labios, como si fuera Lucrecia…
Perversa cortesana, prostituta de la vieja Europa…
Encadenada a los pies de mi propio Torquemada…
Y así, cual Condesa Bathory disfruté mi locura…
Y entonces lo admití: yo, sin duda, ya era tuya…
Tan sólo faltaba, que tú te dieras cuenta…

Marthel Scarella
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