La ignorada victoria del pueblo ucraniano

Pese a que la violencia no escampa y el narcotráfico se consolida como actividad referente de México a nivel internacional, lo que sí se logró con el cacareado sainete de la captura de Joaquín Guzmán Loera es que el pueblo mexicano “respire tranquilo” y no se entere que a diez mil kilómetros de distancia, otro pueblo, igualmente sometido a intereses extranjeros, ha logrado una victoria que los grandes medios occidentales se empeñan en tergiversar, subestimar o de plano ni siquiera mencionar: EL DERROCAMIENTO DE SU “PRESIDENTE”, TRAIDOR A UCRANIA.

SMJGL

Pareciera que el régimen mexicano armó deliberadamente su rompecabezas mediático de forma que el Saving Mexico y la supuesta caída del capo sinaloense –inflado hasta el cansancio por la prensa mundial desde que el gobierno de Vicente Fox le permitió escapar del penal de Puente Grande– llegaran en el momento preciso, evitando entre otras cosas que gran parte los mexicanos volteara hacia Ucrania justo cuando su presidente, Viktor Yanukóvich, se veía obligado a huir, y en particular, que el importante logro de ese pueblo eslavo pasara desapercibido en nuestro país, donde el régimen no escatima en gastos por “legitimarse” a medida que la población resiente los efectos nocivos de las contrarreformas.

La información fluye desde Ucrania en dos vertientes antagónicas: la “oficial”, con marcada tendencia a presentar la destitución de Yanukóvich como un “triunfo democrático” de las instituciones; y las voces contestatarias que denuncian manipulación informativa, alienación de los objetivos, infiltración y violencia patrocinada por la Unión Europea para “romper los lazos históricos” de Ucrania con la Federación Rusa, en beneficio de Estados Unidos a través de sus aliados en ese continente. Ambas visiones son reflejo del rancio conflicto que ha caracterizado el devenir histórico de la región: la eterna rebatiña entre Oriente y Occidente por el control geopolítico, con el “extra” nada despreciable de la riqueza petrolera en el Mar Negro y tierra adentro. Lo que a nadie parece importarle es que en medio de ese brutal jaloneo se debate el pueblo ucraniano, víctima final de la explotación por uno u otro frente.

Como ya es costumbre, la prensa mundial tergiversa los hechos y por lo tanto MIENTE, al confrontar imágenes de violencia con las acciones institucionales supuestamente democráticas del parlamento ucraniano, implicando que de éste emanará la solución al conflicto y menoscabando las movilizaciones populares legítimas, ajenas a los grupos fascistas generadores de la violencia. Pero mienten a su vez quienes responsabilizan sólo a las influencias del exterior por el creciente cisma entre las repúblicas ex soviéticas y Rusia, en un intento fútil de reivindicar al depuesto presidente Yanukóvich. Si bien Estados Unidos es experto en sembrar la discordia y su criminal intervencionismo ha sido determinante en la división sangrienta de Europa del Este al ganar la Guerra Fría, Rusia no se queda nada atrás. Obsesionada en recuperar la supremacía dentro del bloque ex soviético, no parece importarle la animadversión que siembra en sus pueblos hermanos tras prolongar décadas de explotación, ocupación militar, imposiciones comerciales, ideológicas y violación a su soberanía. Ucrania, en particular, con su inagotable potencial agrícola, riqueza energética no explotada y acceso estratégico al Mediterráneo desde el Mar Negro, ha sido objeto de la voracidad rusa desde tiempos muy anteriores a la conformación de la Unión Soviética. ¿No sería razonable entender que, al margen de la propaganda occidental anti-rusa, el pueblo ucraniano ya está cansado de “coadyuvar” a la hegemonía de Rusia en la región, a costa suya?

SBVDNadie niega que grupos afines a la derecha ucraniana encabezaron las primeras movilizaciones del “Euromaidán”, entre ellos el partido fascista Svoboda o la “Alianza Democrática Ucraniana por la Reforma” –cercana a organizaciones alemanas–, que como su nombre lo indica, quiere para su país las “reformas” planteadas por el Fondo Monetario Internacional (como las recién aprobadas en México) y la aplicación hasta sus últimas consecuencias del Acuerdo de Asociación con la Unión Europea. El movimiento, sin embargo, no se habría extendido rápidamente como ocurrió, incluso a buena parte del este ucraniano donde Yanukóvich tiene mayor influencia, de no ser por el creciente hartazgo en amplios sectores del pueblo, ya dispuestos a reaccionar frente un desgobierno corrupto, represor y servil a intereses extranjeros (cualquier parecido con la situación en México, NO es mera coincidencia), llámense Rusia o Unión Europea.

Los críticos del movimiento enfatizan en la negativa injerencia de las organizaciones mencionadas para desacreditarlo, soslayando la participación voluntaria de las masas. Sin ellas, la magnitud de las movilizaciones no habría pasado de unas cuantas protestas marginales, con apogeo en Kiev, condenadas a sofocarse por sí mismas a falta de apoyo popular, tal como ocurrió en México durante las campañas electorales de 2012. El movimiento #YoSo132 que surgió espontáneamente de los estudiantes (aunque hay versiones de que fue orquestado por la “izquierda”) en protesta contra la manipulación mediática, alcanzó relevancia por el repudio multitudinario de la juventud hacia el candidato de la oligarquía –como nunca se había visto en la historia– pero no consiguió influir en el resto de la clase media, enajenada por la televisión. En México, los sectores medios no han cobrado conciencia de la relación directa entre su rampante precariedad socio-económica y su perenne incapacidad de cuestionar las decisiones del “gobierno” que agudizan la desigualdad. Para la mayoría del pueblo mexicano, mientras haya telenovelas de lunes a viernes y futbol con cerveza los domingos, que el mundo ruede hoy “aunque no comamos mañana”.

No es el caso del pueblo ucraniano, por más que moleste a quienes anhelan ver a Ucrania como traspatio de Rusia. Tras la brutal represión gubernamental sobre el Euromaidán, el pueblo tomó las calles, paralizó a la nación y forzó al parlamento a “salvar su pellejo” con la destitución del títere de Putin. Para cuando el congreso montaba su teatro redentor, Yanukóvich ya emprendía la escapada hacia Moscú, asfixiado por la poderosa movilización popular. Pero eso no lo dicen los grandes medios, como tampoco mencionan que el pueblo ucraniano sigue manifestándose, ahora contra la violencia de los neonazis y otros grupos extremistas a sueldo de la ultraderecha, tan responsables de las muertes en los pasados meses como el propio Viktor Yanukóvich.

bulpeopNo es la primera vez que la movilización popular despliega su enorme poder en Europa. Hace un año el pueblo búlgaro también se organizó para derrocar a sus tiranos, aunque la noticia no tuvo eco por estas latitudes. Hoy Ucrania es “la nota” importante en la prensa mundial por la violencia que tanto interesa a las barras “noticiosas” de la televisión, cuando la verdadera noticia es que el poder reside en las masas y ha tocado al pueblo ucraniano volver a demostrarlo.

Tal es, en nuestra opinión, la victoria del pueblo ucraniano que ha pasado desapercibida a millones de ojos puestos en esa nación eslava. Un pueblo que no quiere reaccionar contra la adversidad se queda agazapado ante sus verdugos, y ahí está el caso mexicano, entre muchos otros, para ejemplificarlo. Manipulado o no, el pueblo de Ucrania ha cobrado conciencia de su fuerza. Mal hará, en efecto, si en lugar de ejercer el poder en su beneficio, lo entrega a sus enemigos de la trinchera opuesta, peores quizá que el que acaba de sacudirse. Por desgracia el conflicto aún está lejos de resolverse. Esperamos que nuestras consideraciones sobre el sentido de la lucha popular de Ucrania sean correctas, para que la difícil situación en ese país tenga feliz resolución.

En tanto, de este lado del Atlántico mucho tenemos que aprender de pueblos como el búlgaro o el ucraniano, que han dado importantes ejemplos de unidad, fortaleza y dignidad. No sabemos qué tan cerca esté Ucrania del genuino despertar de conciencia para alcanzar su libertad, pero al menos ya demostró que entiende la necesidad de combatir a quienes traicionan a la patria y, más importante aún, que ES POSIBLE DESHACERSE DE ELLOS.

– Memoria Poética

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