Irremediablemente tarde

¡Qué tarde que has llegado, voz amada!
cuando no tengo nada que ofrecerte;
sólo este amor tan grande y tan callado,
que llevaré conmigo hasta la muerte.

No temas, no, jamás diré ese nombre,
que en la garganta tengo aprisionado;
viviré para amarte así, en silencio,
mas tú nunca sabrás que yo te he amado.

Sabes tú, mi rosal estaba seco
y huérfano mi corazón de amor;
y me ha brotado ya una rosa blanca,
y mía para siempre es esa flor.

¡Cómo no he de quererte si mi alma,
tu enorme comprensión ha desnudado!;
y ahora te pertenece así, en silencio,
con el amor más puro y más sagrado.

Oh, voz, amada voz, a ti te canto:
mi amor como es de grande es de prohibido;
eres el horizonte inalcanzable
en donde, la ilusión, se me ha perdido.

Mas, como no podrás nunca ser mía,
sufro la triste angustiosa condena
de hundirme cada día más y más,
en el inmenso abismo de mis penas.

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