Habré partido

Hoy sabrás que te amé, que te amo tanto,
hoy que tu ausencia sella mi destino.
Si acaso llegas a escuchar mi llanto
habré partido, amor, por el camino.

Habré partido, amor, a aquellas cumbres
donde el fuego del sol todo perdona,
allá donde el pecado arde en sus lumbres
y el alma libre al sueño se abandona.

Habré entregado al Dios del Universo
recuento fútil de mi pobre historia.
Y habrán de terminar en triste verso,
mi canto y mi poesía sin memoria.

No todo fuera noche ni fue sombra,
porque mi alma febril, aún vacía,
en su lecho fatídico te nombra
para alcanzar la gloria en la agonía.

A ti, mi bien, mi dicha, mi pecado,
mi redención más grande, mi delirio.
A ti que sin medida me has amado
aunque fuera la cruz de tu martirio.

Tú, que fuiste cordura en mi desquicio
llama y lujuria viva entre mis brazos,
silencio sepulcral en mi bullicio,
el nudo medular de nuestros lazos,

amante sin descanso ni frontera,
esclava de mis necios desvaríos,
vital encarnación de mi quimera,
razón de mis aciertos y desvíos,

razón de mi existir… ¡pues no tenía!
Antes de ti, mujer, fui desolada
caverna melancólica y sombría
que llenaste de luz con tu mirada.

Amándonos sin fin nos confundimos
y se eclipsó del corazón la llaga.
Pero en nuestra pasión no comprendimos
que amar sin razonar también se paga.

Y aunque parto fugaz, sin dejar huella,
si he de seguir en busca de la gloria
en mi vía brillará, como una estrella,
el ánima inmortal de tu memoria.

Así, mi dulce bien, he confesado,
que te amé tanto, aún envilecido…
Mas cuando sepas hoy lo que te he amado,
¡habré partido, amor, habré partido!

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