El dios del siglo

No temáis de otro dios la omnipotencia:
danzad en torno del becerro de oro,
y ahogad, ahogad en estruendoso coro
la impertinente voz de la conciencia.

La virtud no es virtud, es impotencia;
humo el dios de Israel a quien adoro:
bien en la faz del pobre sienta el lloro;
só1o un crimen es crimen, la indigencia.

Amad a vuestro dios, que sin medida
envidiados honores os concede
y con bellas esclavas os convida:

Si de la tumba alzaros él no puede,
bastante es ya que de vosotros quede
bajo mármol aquí… carne podrida.

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