Décimas al amor

Las tres caras del amor, de Raúl Cañestro

Se agranda la amplitud del infinito
cuando tu nombre, Amor, late en mi pluma;
y el espacio parece que se esfuma
porque lo llenas todo con tu grito,
grito que tiene dimensión de mito.
Mi lira, de pasión, está encendida
pues, sólo con tu nombre, le das vida;
y es imposible aún, que el más osado
hable de ti no estando enamorado,
o no recuerde la dicha perdida.

Estar enamorado es ir delante
esgrimiendo en la mano el corazón;
es haber postergado la razón,
es abrir un camino al caminante
y es darle una posada al alma errante.
Es arder en las llamas del Averno,
sentir la primavera en el invierno;
es verse cobijar por unos brazos
que nos han de brindar tan sólo abrazos
y es deshojar la rosa de lo eterno.

Atreverse, gozar de lo vivido,
son efectos de estar enamorado;
no sentirse jamás nunca cansado,
pisar el paraíso prometido
y borrar para siempre el negro olvido.
Así es el Niño Amor, que éste es su nombre;
nace en cualquier edad, aunque os asombre,
vive prendido en nuestro corazón,
cambia el razonamiento en sinrazón
y es nombre de mujer junto al de un hombre.

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