Cementerio pueblerino

Imagen de un Antiguo Cementerio, autor deconocido

Comentario preliminar

Tanto éste como el resto de los poemas reproducidos en nuestra selección de obras de Hermann Hesse (excepto “Lobo Estepario”, “Los Inmortales” y poemas sueltos de “Knulp”), fueron extraídos del libro “Vagabundo” (Wanderung: Aufzeichungen, también conocido como Hermann Lauscher, Der Reisende, “Hermann Lauscher, El Caminante”), el primer libro de este autor germano-suizo escrito entre 1896 y 1899, basado seguramente en el periplo del joven Hesse que siguió a su escape del Seminario de Maulbronn en 1892, suceso que también inspiró en gran parte su novela -mucho más conocida que el libro referido- “Bajo la Rueda”.

El texto “Vagabundo”, pese a su brevedad y sencillez, ya revelaba la proclividad del autor a la introspección y la profundidad psicológica. Hesse intercala pasajes descriptivos en prosa con los poemas aquí transcritos, que narran el peregrinar del poeta, los sitios que atrapan su atención y sus incipientes cuestionamientos como individuo frente a las reminiscencias de la vida que ha dejado atrás, pero que se presentan ante sus sentidos una y otra vez a cada paso del camino.

Pletórico de imágenes vespertinas, nostálgicas evocaciones y el evidente amor del autor por la naturaleza, “Vagabundo” es el entrañable testimonio de un joven artista que se descubre a sí mismo inmerso en la libertad condenada por el “sistema” oficial de su época, sorprendido, no pocas veces, con el regocijo de una vida andariega, libre de banalidades. Su mensaje trasciende y mantiene una vigencia absoluta, característica frecuente en la obra aquellos autores adelantados a su tiempo.

Cabe finalmente dejar constancia de que sólo tres de los poemas de “Vagabundo” (Delicia de pintor, El peregrino le habla a la muerte y el poema final) habían sido difundidos antes en Internet. El resto no existían en sitio web alguno. Memoria Poética es el primer portal electrónico que los difunde.

Son muy bienvenidos todos sus comentarios.

– Memoria Poética

Cementerio pueblerino

Entre cruces cubiertas de hiedra,
luz de sol, aromas y el zumbar de las abejas.

Yacen seres amados bajo cada piedra
cobijados por la tierra, libres de consejas…

¡Oh! seres anónimos, ya casi olvidados.
Habéis llegado al regazo maternal,

pero decídme: ¿No escucháis asombrados
el hálito de la vida eternal?

¿No escucháis el brote de las flores,
no os llega siquiera un rayito de luz?

Las ruinas de la vida ocultan sus dolores
pero la vida persiste, bajo otra cruz…

Y la reina madre terrena
se estremece al nuevo palpitar.

Olvida las tumbas antiguas, ajenas
y en su euforia nos invita a soñar…

¿En el sueño de la muerte, cortina de humo,
lejos de la vida, lejos del dolor?

(Traducción del Profr. Emilio Ávila De La Torre)

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