Celotipia

Ya llego puntualmente al sitio de la cita
donde hemos convenido, será nuestro lugar.
Mi ánimo, al no verte, ¡qué va!, no necesita
decirse, repetirse: “Ya no debes tardar”.

Me pesan los minutos, las ansias impacientes
se prenden de mi alma, escasa ya de paz.
Me muestra el horizonte su colección de gentes,
monótono hormiguero en el que tú no estás.

A cada martillazo del necio segundero
se pudre el cuerpo muerto de mi tranquilidad,
ardientes alfileres penetran mi cerebro
y aumenta mi desprecio contra la humanidad.

¿Media hora, medio siglo? No sé cuánto ha pasado,
Nublada ya se encuentra mi lánguida razón.
La tierra, el cielo, todo me grita “¡TE HA ENGAÑADO
POR ESO NO CONSUMA CONTIGO LA REUNIÓN!”

* * *

Ya lejos se vislumbra, sin prisa, tu figura.
–¿Cómo estás, amor mío? Perdona, ¿me tardé?–
preguntas sonriendo. Y al verte, mi locura
se torna en el deseo que ahora me posee…

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